James Pillans,
profesor escocés de geografía, introdujo la pizarra y la tiza en el aula a
principios del siglo XIX, y lo que fue tecnología punta en su momento se
convirtió en una herramienta casi indispensable para el docente. La pizarra
permite escribir conceptos que todos los alumnos pueden ver al mismo tiempo, puede
convertirse en un mural de trabajo común y colaborativo; de una palabra en el
centro de la pizarra nacen ideas, historias, debates…
Con el tiempo la
pizarra ha evolucionado, ha cambiado de color, materiales, forma… y ¿qué decir
de las aplicaciones? Se han multiplicado porque la imaginación del hombre no
tiene límites, y como dijo Albert Einstein: “La imaginación es más importante
que el conocimiento”.
Hoy la Pizarra
Digital Interactiva es lo que algunos han descrito como un “espejo mágico”,
yo diría que es una ventana que nos permite acceder a la gran autopista de la
información desde nuestras aulas.
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